martes, 27 de enero de 2009

CUBA, 50 años ... . Compilación de NTC ...

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Portal-blog complementario a NTC ...
Cali, Colombia.
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CUBA, 50 años ... .
Compilación de NTC ...
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EL POETA WILLIAM Ospina publicó en EL ESPECTADOR ensayo en tres partes (1, 2 y 3) sobre el tema, VER:
Para comodidad en la lectura, próximamente publicaremos los textos en este blog.
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Cuba en su cincuentena es un hachón expandiendo lumbre
Por Efer Arocha
, Escritor* , París, 9 de enero de 2009 .
< arocha.efer@wanadoo.fr > . Para : NTC <ntcgra@gmail.com> .
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Una revolución para que pueda catalogarse como tal, es en primer lugar un cambio violento, consecuencia de la victoria cuajada mediante la crítica de las armas. Por esto, no pueden darse revoluciones pacíficas, término eufemístico en política que alude a la evolución o al reformismo. La segunda caracterización de este fenómeno, es que él produce una profunda transformación de la sociedad y del estado donde se lleva a efecto; exigencias que en Cuba se cumplieron plenamente. Un tercer elemento de definición son las consecuencias del efecto revolucionario en el espacio y el tiempo, tanto en lo externo como en lo interno. En esto la revolución cubana tiene una característica sui géneris, sólo puede ser observada y analizada en el contexto de su realidad que resulta muy particular y excepcional en el campo externo; es decir, en lo internacional.
Todas las revoluciones que se sucedieron en el siglo pasado tienen una determinante, su carácter anticapitalista. Otros cambios fueron el resultado de golpes de estado, rebeliones o guerras internacionales, como es el caso de la Segunda Guerra Mundial, donde se instaló el socialismo de estado, en la parte oriental de Europa. Entonces la revolución cubana por sus rasgos anticapitalista, tuvo como su primer enemigo a una potencia militar mundial, como lo es Estados Unidos.
Ante esa desproporción de fuerzas cuyos resuellos de vecindad es una pesadilla día y noche para la isla rebelde, la existencia por sí misma de la revolución, es su primera gran victoria. En los momentos que antecedieron a la invasión de Bahía Cochinos, recuerdo una de las imágenes de los carteles y consignas en las manifestaciones de solidaridad de estudiantes de bachillerato en Colombia, que lo condensa todo, en la cual Cuba aparecía como una sardina en pleno océano enfrentada a un tiburón que tenía toda la intención de devorarla. Momento de incertidumbre porque a la luz del análisis militar, en el campo de la correlación de fuerzas no había una salida para que la minúscula fuerza revolucionaria pudiera salir victoriosa en el enfrentamiento. Manifestábamos más por simpatía con los rebeldes que atraían nuestra atención por su gruesa y larga barba, armonizada con la gorra y el uniforme verde oliva. Caras distintas nunca vistas y de una virilidad extasiante. Empezando por las de Fidel, el Che y Camilo, las que hacían enloquecer a nuestras compañeras de protesta, quienes para apaciguar sus emociones rompían vitrinas y gritaban cada vez más y más fuerte. Fue cuando se produjo lo inesperado. Los invasores fueron vencidos y apresados. Nuestro regocijo no tuvo límites en la alegría y en el recuerdo; desde entonces seríamos fidelistas porque sí y para siempre.
Recuerdo ahora otro de los grandes momentos de zozobra para Cuba: la crisis de los misiles. Los que simpatizamos con Cuba manifestábamos en delirio por las calles de Bogotá, ululando consignas insospechadas. Recuerdo una, por nuestra euforia y completo desconocimiento de la gravedad del problema: “¡Nikita, mariquita, lo que se da no se quita!”. La sobrevivencia de la revolución cubana, estuvo al borde de precipitar a la humanidad a una hecatombe nuclear. Para el bien de todos, Kennedy y Kruchev, lograron entenderse. El ruso tenía un humor político corrosivo; coronó como reina de la Unión Soviética a una descomunal marrana que había parido una cantidad de cerditos, en sorna contra el reinado mundial de occidente, y que decir de los pupitrazos con zapato en la ONU.
Sin embargo, el mayor tropiezo, su prueba máxima estaría por llegar. Con el desplome del campo socialista Cuba quedó privada de toda posibilidad de supervivencia. La existencia de Cuba no valía una moneda de cobre, su derrumbamiento era apenas asunto de tiempo, esos eran los pensares y decires de sus enemigos y también de muchos amigos; y al igual que las veces anteriores tengo un recuerdo. En pleno desmoronamiento de la Unión Soviética, la Embajada de Cuba en París convocó a una acción solidaria con su gobierno y pueblo, a efectuarse en “La Maison de l’Amérique latine”. No obstante que el acto fue ampliamente difundido por los organizadores, y además de mi parte también invité por escrito y oralmente a mis amigos pintores, poetas, escritores y refugiados políticos de izquierda de líneas moderadas, duras y blandas; al llamado asistimos tres personas: el conferencista, el especialista en literatura y traducción Julián Garavito y el que escribe. El conferencista salió tan decepcionado que me rehusó un refrigerio que le ofrecí en un bar cercano. Con Julián nos acompañamos hasta el Metro y él me dijo: -La situación parece sombría. Yo le acoté: -Tan sombría que ni siquiera aquéllos que sin ser invitados venían en sigilo para cumplir con el trabajo de informar, no los vi por parte alguna.
Comenzó un periodo aciago para todos los que somos utopistas. Las reflexiones se sucedían una tras otra acerca del fracaso del socialismo soviético. Cerebralmente era el menos sorprendido puesto que ya lo visionaba desde la época del 70 como un suceso inevitable, análisis que está consignado en textos. Sin embargo, la utopía colectiva tiene un algo distinto, que es ajeno al análisis económico, político, ideológico y filosófico. Es lo irrazonado, lo intuitivo que pertenece al campo de los sentimientos, a lo impredecible como el amor y por ello, es presagio lúcido, visión del futuro.
Cuba hoy es ese presagio lúcido, capacidad de avizorar el tiempo más allá del horizonte. Necesidad imprescindible para la otra América; la excluida y sin memoria, vejada y amurallada por intereses foráneos, pero también a causa de la ineptitud, carencia de visión y lo que es peor, irresponsabilidad y ambición de todos los que han hecho del estado una fuente de su enriquecimiento personal durante dos siglos gobernando a esa parte del continente. Con excepción de los próceres independentistas y uno que otro gobernante honesto y conciente.
La revolución tiene otros asedios hacia su interior que la han asechado desde su primer día, los que ha capeado entre el acierto y desacierto. Como ocurre en esa colosal tarea de forjar una sociedad distinta, objetivo fundamental de la lucha del pueblo cubano. Esta meta, si nos guiáramos por el pensamiento racional y la interpretación de lo objetivo, nos concierne a todos, sin excluir al pueblo y el gobierno estadounidense. Lo anterior parece una inocencia y una estupidez. Pero esto es un espejismo para el pensar inmediato y no para el pensamiento estratégico. El movimiento de la sociedad a escala mundial acaba de demostrarnos con los acontecimientos que estamos viviendo, que los modelos hegemónicos entraron en crisis y tienden a derrumbarse inexorablemente tarde o temprano, a causa de ese unipolarismo que hoy carece de piso y de vigencia. Sin embargo, la causa principal del modelo hegemónico es su incapacidad para alcanzar la satisfacción de lo elemental. Hasta ahora ningún sistema social ha podido erradicar los lastres que corroen a la humanidad, que sobra señalarlos porque son de todos conocidos.
La búsqueda de nuevas formas de organización social que correspondan con la realidad actual, se ha convertido en una necesidad principal, puesto que el modelo de sociedad de mercado nos está mostrando sus límites, bondades e insuficiencias. En esto, toda América Latina tiene las mejores condiciones, inclusive, se construye por su propia inercia. Pero es necesario que ella tenga vocación de poder protagónico, que aspire a la presencia que decide en el espacio internacional, aprovechando esta ocasión única y también feliz. Unas pocas medidas nos bastarían para dejar de ser lo que somos, para ser otros. La primera sería la de crear un mercado interno que abarcara desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego, una moneda única, abolición de fronteras y el resto vendría por añadidura.
Veinte años y no tendríamos nada que envidiar a Europa o a nadie, puesto que seríamos una potencia. La razón es simple, de mantenerse el intercambio de mercancías en el mercado mundial y su relación con el índice de crecimiento de la producción de Estados Unidos y Europa, el cuadro de producción sería el siguiente: Estados Unidos pasaría de un 28% actualmente, no obstante del intercambio de mil millones de dólares por día entre Europa y los Estados Unidos, a un 14% en 10 años; y a un 8% en 20. Europa descendería a un 12%, mientras economías emergentes como la de China e India estarían entre el 23 y 29%. De cumplirse los cálculos, Estados Unidos perdería toda significación internacional y su papel estaría limitado a su mera existencia. Europa sería un espacio en resistencia económica.
De ahí que la dirigencia actual cubana, encabezada por Raúl Castro, está obligada a acertar en todas las medidas que decidirán el rumbo interno de este proceso único en la historia moderna de América de sur a norte, que como es obvio nadie tiene la autoridad ni está en condiciones de saber cuáles son las más indicadas. Sólo la capacidad de percepción de los dirigentes y el pueblo puede hacer diana. De una cosa sí estoy seguro, que la ex-Unión Soviética desarrolló tan alto los poderes y dominio del estado. Instrumento capaz de conquistar y vencer en el cosmos, pero se olvidó de los anhelos simples y la necesidad elemental del soviético común; como ésa de limpiarse los esfínteres con papel higiénico y no con Pravda en su reemplazo, después de leer verdaderas o falsas noticias. Otra de las cosas que también puedo afirmar, es que el goce del individuo es un ingrediente consolidador de la ideología y de lo político, por los efectos que brinda la abundancia de los bienes materiales en el seno de la sociedad que tiene libertad de escogencia en la variedad de productos o cosas. Es lo que va más allá de la satisfacción de lo elemental. Y en un acto de soñar en una sociedad distinta, ¡qué grito sería para el mundo que Cuba fuera la primera nación en la historia económica, que incluyera la vivienda como una propiedad personal! La que es ajena a la intromisión de cualquier otro tipo de propiedad.
En el plano de lo humano Cuba ha sido un país de una solidaridad desbordante. Siendo una nación con una superficie pequeña y una población poco significativa, su gesto resulta gigantesco. Ella es también el horizonte de la dignidad latinoamericana, porque no ha sido genuflexa ante sus enemigos y desconoce el hincarse ante la adversidad. Para ella la tormenta en el campo externo amaina. Esto le permite navegar cada día por aguas más serenas que auguran una posible existencia indefinida en el tiempo; y en el espacio de la memoria el de ser una palanca que hace crujir lo imperecedero donde los anhelados soñares puedan convertirse en un futuro no lejano, en realidad cristalina, azul y verde, como el mar que baña sus costas.
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*Efer Arrocha: escritor y periodista colombiano, residente en París. Autor de cuentos, novelas, ensayos y poemas. Director de la revista Bilingue Vericuetos http://vericuetos-paris.over-blog.com/ .
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La otra cara de la Revolución Cubana
Cuba: un breve repaso crítico a sus 50 años (I)
La otra cara de la Revolución Cubana
Por: Amir Valle * http://www.amirvalle.com/ , http://es.wikipedia.org/wiki/Amir_Valle / amirvalle@amirvalle.com, info@mertin-litag.de Especial para El Espectador Internacional 24 Ene 2009 - 10:00 pm
http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articuloimpreso111225-otra-cara-de-revolucion-cubana
El escritor cubano Amir Valle habla de las consecuencias de aquella “aventura juvenil”. Con estadísticas oficiales, Valle demuestra otra realidad de la vida en la isla.
Foto: AP http://s3.amazonaws.com/elespectador/files/images/nov2008/78f7a97a70fc1fac1f8c921a0e847571.jpg Un hombre descansa frente a una imagen de Fidel Castro, en La Habana.

En octubre de 1987, cuando ya en el antiguo campo socialista se anunciaban los aires de la agonía de un sistema que sucumbía bajo la prepotencia, el pensamiento totalitario (en algunos casos fascista), la corrupción, la politización extrema de la sociedad y la incapacidad de sus dirigentes políticos, un grupo de estudiantes de periodismo decidimos cuestionar con nuestras preocupaciones sobre la ya en decadencia sociedad cubana a quien creíamos tenía todas las respuestas: Fidel Castro Ruz.

Ese encuentro, que se prolongó desde la tarde hasta horas de la madrugada, quedó en la historia política de la isla como uno de los escasos momentos (quizás el único) en que los periodistas cubanos se enfrentaban, inconformes, a una realidad que ya mostraba la decadencia social, económica, política y moral que hoy vive mi país.

Cuando leo las decenas de escritos de intelectuales y periodistas que, pretendiendo salvar lo salvable, se hunden en un mar de consignas engañosas, de frases calcadas del discurso político cubano y (lamentablemente) de mentiras fácilmente comprobables con un simple husmeo a las estadísticas oficiales de la isla y a las estadísticas de organismos e instituciones internacionales en materia de desarrollo humano, la memoria me regresa a aquellos días en que el joven que era, hijo de una familia en la cual hay mártires de esa Revolución, y todavía (por esos días) enamorado de ese proyecto que debía ser un ejemplo para el resto mundo, tuvo que abrir los ojos ante las consecuencias de aquella “osadía juvenil”: cientos de periodistas descubrimos que era cierto algo que los enemigos de la Revolución decían, “contradecir a Fidel Castro es el suicidio”.

Y a quienes quieran saber a qué me refiero, pueden averiguar qué ha sido de la vida de todos aquellos estudiantes de periodismo que, ingenuamente, creímos que podíamos dialogar y dar nuestras preocupaciones sobre asuntos que como parte del pueblo cubano vivíamos en esos tiempos, todavía de cierta bonanza económica: sólo aquellos dos o tres que manifestaron luego públicamente su arrepentimiento están hoy entre esos periodistas que desde la isla defienden lo hasta indefendible. Y es que, con perdón de algunos colegas, un sueño, por hermoso que sea, no puede defenderse con consignas y con mentiras (o con verdades a medias).

Porque, efectivamente, de estos 50 años de Revolución Cubana sólo queda intacto aquel sueño de 1959: queríamos, necesitábamos, al mundo le hacía falta una revolución como la que defendieron miles de revolucionarios cubanos cuando se alzaron contra la dictadura sangrienta de Fulgencio Batista. Pero lo primero es no olvidar que ese sueño fue defendido por hombres y mujeres de todos los credos políticos que coincidían en un propósito: la nueva Cuba debía ser democrática, abierta, libre y, sobre todo, “con todos y para el bien de todos”.

Esos líderes que estuvieron dispuestos a dar su vida (e incluso que la dieron en cientos de casos) pertenecían a todas las clases sociales, profesaban todo tipo de ideologías, militaban en los distintos grupos y partidos políticos de la Cuba de entonces, y curiosamente fueron dirigidos por un hombre de ideología indefinida, Fidel Castro, quien en la Sierra Maestra confesó a los periodistas que jamás había sido comunista; que luego del triunfo (en discurso grabado) le dijo al pueblo cubano que quienes acusaban a la Revolución de comunistas eran mentirosos, traidores, que querían engañar al pueblo; y en un discurso posterior (también grabado) juró ante ese mismo pueblo que él siempre había sido comunista y que la Revolución Cubana siempre había sido comunista.

Como creí en ese sueño (y como aún creo en que es posible ese mundo mejor que la Revolución Cubana representó en un tiempo) paso la vida buscando, hurgando, escribiendo (especialmente desde que en 2005 fui desterrado de mi país por mis ideas políticas y he tenido acceso a mucha información que cualquiera puede consultar, menos los cubanos de la isla).

Y hay una pregunta que siempre me he hecho, especialmente cuando busco en la historia y en el presente, cuando cotejo datos de entonces y ahora, cuando llego a una verdad que no sea esa manipulada historia que desde 1959 se escribe en y sobre Cuba: ¿Por qué hoy, 50 años después de la Revolución, se condena a Cuba por haber llevado a cotas más profundas de depauperación aquellos mismos problemas que Fidel Castro denunció en 1953 en su histórico discurso de autodefensa “La historia me absolverá” .

A quienes siguen defendiendo con consignas, y con la visión edulcorada del sueño que pudo ser (y que ojalá alguna vez sea en todo el podrido mundo en que vivimos) les hago ese reto: comparen pasado y presente a partir de ese discurso que fue instaurado por el gobierno revolucionario cubano como el “Programa de la Revolución”. Les aseguro que se llevarán nada gratas sorpresas.

Tampoco estoy de acuerdo en quienes, también con consignas y con una intolerancia igual a la manifestada por el gobierno cubano contra sus opositores en estas cinco décadas, quieren echar por tierra los logros de la Revolución en extensión y gratuidad de la salud, la educación, la cultura, el deporte, aunque debo decir que, hace ya algunos años, el propio gobierno cubano ha reconocido que el estado de depauperación es tal en esos servicios que lo único que queda realmente es la gratuidad, por lo cual ya no puede hablarse de “logros” si no de “metas alcanzadas” que deben rescatarse.

El mito del bloqueo

Existe, no puede negarse. Y nadie con una mínima inteligencia puede negar que Cuba podría tener un despegue económico si pudiera negociar directamente con Estados Unidos y no tuviera que vencer las imposiciones de Norteamérica a otras naciones e instituciones financieras a las cuales el imperio del Norte puede condicionar su comercio con la isla. Pero, con perdón de quienes manejan esa tesis, no estoy seguro de que un gobierno como el cubano (al menos éste que ha perdurado hasta hoy y actuando con los métodos y conceptos que lo ha hecho) sea capaz de llevar adelante una economía como la cubana.

En 1958, en medio de la más cruenta dictadura política sufrida por los cubanos hasta ese momento, Cuba era la tercera economía más poderosa de América, sólo superada por Argentina y Uruguay. Los ingresos per cápita de los cubanos en ese entonces eran, por ejemplo, tres veces más que el de Chile y el doble del de España, y hoy Chile nos supera en per cápita con un 5% más y España con un 7%. Y aunque nos pese decirlo, Cuba hoy es uno de los países más pobres de América Latina, por delante solamente de Haití (algunos estudios indican que, también, por delante de Bolivia).

¿Se debe todo al bloqueo? Por supuesto que no. Hasta el cese del subsidio de Cuba por la URSS en 1990, el país recibió 65 mil millones de dólares de subsidios del campo socialista. Con una cifra cinco veces menor, a través del Plan Marshall, varias naciones de Europa lograron reconstruir buena parte del desastre en que las sumió la Segunda Guerra Mundial.

Pero el gobierno cubano, incluso con esa ayuda, prefirió convertirse en un parásito de ese subsidio, buena parte de la cual, como ya está demostrado (y como han reconocido las autoridades cubanas) se destinó a las campañas bélicas en otros países del mundo, básicamente África, Asia y América Latina (entre ellas, el asesoramiento y financiamiento durante años de las Farc, en Colombia), sacrificando el bienestar de nuestro pueblo por simples razones políticas: la fidelidad a los planes políticos soviéticos de internacionalización del socialismo.

La centralización en manos del Estado, siete cambios de organización económica, cuatro cambios de estrategia de desarrollo, la destrucción del incentivo individual, la eliminación de la pequeña industria, la monopolización de la tierra sin posibilidad de hacerla producir y la improvisación de planes económicos basados en los caprichos de los gobernantes (sobran los ejemplos a lo largo de estos 50 años), han sido realmente la causa del desastre económico cubano de hoy.

Los que achacan al bloqueo todo el problema ni siquiera consultan los medios de prensa oficiales de la isla. Si lo hicieran, se encontrarían que durante 2008 el gobierno cubano reconoció públicamente que en estos años de bloqueo más de 250 empresas norteamericanas habían estado comerciando con Cuba (y esa cifra, según ellos, va en aumento cada año).

Leerían que, para mencionar solamente la drástica cuestión alimentaria, cerca del 80% de los productos alimentarios que distribuye el gobierno mediante las libretas de racionamiento (huevos, carne de pollo, arroz, granos) o que venden en las tiendas en moneda convertible (a precios abusivos para el salario medio de apenas 16 dólares al mes: huevos, carne de pollo, arroz, especias, mayonesa, embutidos, etc.) proviene mayormente de Estados Unidos.

Y si, además, revisamos las estadísticas de votaciones contra el bloqueo económico en las Naciones Unidas, notará el lector que de los 192 países miembros, 184 han votado contra el embargo norteamericano. ¿Es que Cuba depende solamente del comercio con los Estados Unidos para poder existir económicamente? ¿O es que el comercio con esas otras 184 naciones, si se hubiera hecho una seria política económica, no hubiera bastado para suplir esos otros productos que Estados Unidos nos impide comerciar por el bloqueo? (nótese que resalto una frase porque ya he dejado claro que la mayor parte de los alimentos de la isla entran desde EE.UU., lo cual ya es mucho).

Lo cierto es que los cubanos hemos vivido estos 50 años con el impacto demoledor de dos bloqueos: el de Estados Unidos, que ha impedido buena parte de nuestra gestión económica internacional (y que, como se ha demostrado, en los últimos diez años no ha sido cumplido por cientos de empresas norteamericanas, ni por miles de cientos de empresas de otras naciones que son socias comerciales de Estados Unidos), y hemos estado amarrados de pies, manos y boca por el bloqueo interno de la absurda e ineficaz concepción económica de nuestros gobernantes.

¿O es que alguien pretende hacerles creer a los cubanos que la prohibición de la pequeña empresa privada, generadora de más del 70 % de las riquezas de otras naciones del mundo, es culpa del bloqueo? ¿O es que es culpa del bloqueo la colectivización forzosa de la tierra, mediante sistemas de explotación exportados desde el socialismo soviético, que ha provocado que más del 60% de las tierras cultivables del país sean hoy improductivas?

Una aventura desastrosa

El sueño sólo queda en quienes queremos hacer este mundo menos imperfecto, menos injusto. Pero sólo ahí.

Y hay que escuchar cómo, por estos días, aquellos líderes guerrilleros que llevaron a Fidel Castro al poder y que por creer que había otras vías de construir el futuro del país que no fuera la rusa (que demostró ser un fracaso, como ya la historia lo ha demostrado) fueron considerados “traidores” por sus propios colegas de lucha, han recordado que se traicionó aquel sueño, que convirtió a la Revolución en un calco rojo del totalitarismo soviético y por ello, según Eloy Gutiérrez Menoyo, “Fidel Castro traicionó a una Revolución que prometió sería siempre tan verde como las palmas”, cuando lo acusaban de comunista; o que ellos, los barbudos triunfantes, ya en el poder habían olvidado que prometieron una “Revolución con pan y pan sin terror”, y sin embargo, Cuba se cuenta hoy entre los países con más presos políticos en todo el mundo (quedan 207 presos políticos, acusados de “mercenarios de los Estados Unidos” sólo por manifestar su pensamiento diferente al del gobierno, para no hablar de los más de 8.190 muertos registrados por Archivos Cuba, una institución del exilio cubano que lleva años legislando todos los casos verificables con testigos, documentos, etc., entre los que no se cuentan las más de 20 mil personas que han muerto intentando escapar de la isla por mar.


¿Cómo es posible que se quiera decir que la Revolución Cubana es, todavía, una esperanza?

¿O es que alguien quiere hacernos ver a los cubanos que sólo la propaganda de Estados Unidos y las facilidades migratorias para los cubanos que lleguen a territorio norteamericano, es la culpable de que más de 2 millones de cubanos (es decir, el 20% de la población actual) viva hoy en otros países del mundo? Si todo va de maravilla en Cuba, ¿por qué, según cifras oficiales de la isla, cada año más de 100 mil cubanos intentan emigrar, por vías legales, o lanzándose al mar, sabiendo que pueden morir en el intento?

¿Cómo se explica que un país receptor de inmigrantes (por ejemplo, en 1958, sólo en los consulados de Cuba en Italia y España había 11 mil y 35 mil solicitudes para emigrar a la próspera Cuba, respectivamente) hoy sea considerado por los organismos internacionales como uno de los mayores emisores de emigrantes del mundo?

Y siendo aún más exhaustivos: hay cinco elementos del desarrollo social que sirven a los organismos internacionales para determinar el grado de éxito de una sociedad, la vivienda, la alimentación, el transporte, la comunicación y el agua. ¿Cabe alguna duda de que la Revolución Cubana, lejos de resolver las diferencias que existían en 1958 en estos aspectos, las ha llevado casi al fondo de la depauperación?

¿La vivienda? El gobierno, sólo 50 años después, acaba de permitir a los cubanos que construyan su vivienda ante la imposibilidad (pues así lo ha dicho el propio Raúl Castro) de alcanzar las metas de construcción en menos de cinco años, debido a las cerca de un millón y medio de viviendas que necesitan construirse o repararse (no incluyo estadísticas de millones de viviendas en pésimo estado habitacional).

¿La alimentación? Cuba tiene hoy uno de los índices más bajos en calidad de alimentación de todo el mundo y la solución del Estado, los productos distribuidos por las libretas de abastecimiento, alcanzan apenas para una semana al mes, obligando a adquirir el resto de los productos en las tiendas en moneda convertible (ya dijimos, a precios inalcanzables para más del 60% de la población, según datos oficiales) o en el mercado negro (lo cual demuestra la inmensa corrupción que existe y que permite que esos productos, comprados por el gobierno, lleguen de modo masivo a esos comerciantes ilegales).

¿El transporte? En 1958 Cuba era una de las naciones más desarrolladas en materia de transporte en América Latina y estaba entre las primeras del mundo. Sólo en La Habana existían decenas de empresas privadas transportadoras de pasaje. Ante la imposibilidad de resolver los graves problemas de transporte en la isla, 50 años después de que los prohibiera Fidel Castro, la más reciente medida del gobierno de Raúl Castro fue autorizar licencias para taxistas privados (los conocidos “boteros” que prestan esos servicios con máquinas de las décadas del 40 y el 50).

El estado tan terrible (fácilmente verificable) de la comunicación y del agua en la isla no merece mayores comentarios.

* Amir Valle (Cuba, 1967). Escritor, ensayista, crítico literario y periodista.

Este lunes: “La falta de libertades en la isla”.
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Cuba: un breve repaso crítico a sus 50 años (II)
La falta de libertades, el gran problema

Por: Amir Valle* / Especial para El Espectador Internacional 25 Ene 2009 - 10:00 pm
http://www.elespectador.com/impreso/articuloimpreso111618-falta-de-libertades-el-gran-problema
La isla no es el paraíso soñado que muchos pintan: el gobierno no acepta ideas distintas.

Foto: EFE http://s3.amazonaws.com/elespectador/files/images/nov2008/b1d6ee5e99e235681b20462894680a9b.jpg El presidente de Cuba, Raúl Castro.

Pero si Cuba fuera ese paraíso que por esos mundos algunos soñadores pintan, quedaría entonces la gran pregunta: ¿por qué un gobierno que supuestamente debe defender los derechos de su pueblo, los viola convirtiendo a miles y miles de cubanos en “enemigos” por el simple hecho de querer participar con ideas distintas en la construcción de ese mundo mejor?

Voy a hablar de cosas simples que nos afectan a los cubanos. Y voy a hacerlo, como escribí hace unos meses, soñando la Cuba que yo quisiera, que es, casualmente, la Cuba por la cual lucharon contra Batista todos los miembros de mi familia hace 50 años. Una Cuba donde negarse a votar en las elecciones sea un derecho y no una marca política en contra del individuo, y donde no se escuche la voz de un solo partido, sino de todos aquellos partidos que deseen constituir los ciudadanos cubanos, en igualdad de condiciones y mediante la conciencia de que todos los cubanos tenemos igual responsabilidad con la Patria, sea cual sea nuestro credo o tendencia política.

Una Cuba en la cual se pueda crear o pertenecer a cualquier organización independiente de carácter nacional o internacional, sin que ello convierta a la persona en un enemigo o un apestado social; y donde no ocurra como hasta hoy, cuando sólo se puede pertenecer al sindicato único, al partido único, a la organización juvenil única y a las organizaciones de masas únicas, todas regidas por el Partido Comunista.

Una Cuba donde los cubanos puedan elegir y decidir si desean participar en manifestaciones o demostraciones políticas, sin que ello signifique que se les catalogue de disidentes, gusanos, desafectos al régimen, etc., y que tampoco ello conlleve, como hoy, la pérdida de oportunidades laborales y de promoción social.

Una Cuba donde se pueda criticar, o simplemente cuestionar las leyes del régimen, la gestión de los políticos y funcionarios del Estado, sin que ello convierta a nadie en “enemigo del proceso”; donde los funcionarios políticos puedan ser removidos a petición directa del pueblo si se demuestra públicamente su ineficacia o corrupción, y donde la impunidad por trayectoria política no sea una regularidad, como lo es hoy.

Una Cuba donde cada ciudadano tenga el derecho a no participar en las actividades y movilizaciones de organizaciones que limitan (y en algunos casos atentan contra) los derechos sociales y libertades individuales de los cubanos, como sucede hoy con las Milicias de Tropas Territoriales, los Comités de Defensa de la Revolución, las Brigadas de Respuesta Rápida y otras organizaciones que operan realmente como instrumentos represivos y de control ciudadano dentro de los márgenes políticos establecidos. Una Cuba donde el ocultismo de los errores, el triunfalismo, la falta de información no sean estructuras de control político del pueblo.

Una Cuba donde las imprentas y medios de comunicación no sean monopolio del Estado y donde cualquier ciudadano que lo quiera y necesite pueda publicar por su cuenta en los medios establecidos, o en medios propios, cualquier artículo, trabajo, ensayo, sin sufrir las actuales censuras por parte de los miembros del Partido Comunista y otros organismos censores.

Una Cuba donde poseer un fax, una computadora personal, una antena parabólica o de satélite no sea considerado posesión ilícita, ni sea un privilegio de funcionarios y profesionales del gobierno o de entidades turísticas y de atención a extranjeros de visita en la isla. Una Cuba donde se tenga el derecho de acceder libremente a la internet, y que ésta no sea controlada y vigilada por la Seguridad del Estado, como lo es hasta hoy.

Una Cuba donde existan diversos tipos de enseñanza y no exclusivamente la patrocinada por el Estado, de modo que los padres puedan escoger libremente el tipo de estudios que sus hijos deben recibir, y que no se vean, como hasta hoy, obligados a mandar a sus hijos a instituciones transformadas realmente en centros de adoctrinamiento comunista, donde se les enseña, sí, pero sólo desde una sola perspectiva ideológica politizada.

Una Cuba donde exista una real libertad de cultos y donde no se sigan estableciendo, como hasta hoy, mediante la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista, limitaciones para la difusión del evangelio cristiano y de otros credos, privilegiando con una mayor tolerancia y menos presiones burocráticas a aquellas prácticas y grupos religiosos que apoyan la política oficial. Y donde, además, se permita el acceso libre a la prensa escrita, radial o televisiva a los mensajes de carácter religioso, así como el establecimiento y empleo libre de medios de comunicación masiva financiados por cualquiera de estas entidades religiosas.

Una Cuba donde no sea delito escuchar y ver emisoras de radio y televisión privada e independiente; donde no existan regulaciones que prohíban a los cubanos recibir publicaciones del extranjero o visitantes extranjeros considerados “conflictivos” por quienes detentan el poder político, y donde no se procesen judicialmente a los cubanos por establecer comunicación y colaboración con periodistas extranjeros, sin previa autorización del gobierno.

Una Cuba donde se aproveche en toda la extensión de la palabra “aprovechar” el alto nivel cultural creado en estos años, sin que existan autores y libros prohibidos y sin que se mantenga una división entre la cultura cubana que se hace en la isla con la cultura cubana que hacen los emigrados cubanos en otras partes del mundo, estableciendo un puente que fortalezca la cultura nacional.

Una Cuba donde se pueda elegir libremente, de acuerdo con el talento y el resultado de sus estudios, la carrera que se desea estudiar, sin que primen factores ideológicos en la selección, eliminando consignas discriminatorias como “La Universidad es para los revolucionarios”.

Una Cuba donde el poder político controlado por un partido único no sea el único empleador y donde no se condicione la ocupación de plazas de trabajo existentes a la fidelidad a los principios establecidos por quienes detentan ese poder.

Una Cuba donde se pueda buscar contactos comerciales, gestionar empleo y brindar servicios en las compañías extranjeras establecidas en la isla, negociando directamente con los directivos de esas compañías y no, como es hoy, a través de la única empresa contratista del Estado, que impone a la selección reglas como la que dice que “los trabajadores del Turismo deben ser revolucionarios íntegros”.

Una Cuba donde se acepte la propiedad privada y se den facilidades para la creatividad económica personal del pueblo, convirtiendo a la pequeña empresa en un mecanismo esencial de la economía, sin que se les vea como a “competidores del Estado”, ni que por su prosperidad sean catalogados de “nuevos ricos”, “macetas”, “embriones de capitalistas”, ni ninguna otra etiqueta denigradora.

Una Cuba donde los trabajadores puedan, libremente, fundar o pertenecer a un sindicato independiente, y donde las huelgas y protestas por aumento de salarios o condiciones de trabajo no sean calificadas como “delitos contra los poderes del Estado”, como sucede hoy.

Una Cuba donde, aún cuando se establezcan regulaciones necesarias para la ecología y el control económico, fiscal y de sanidad, se pueda pescar en las costas sin que ello constituya delito, y se creen las condiciones que permitan el fomento de la pesca comercial independiente, como un modo viable de facilitar el acceso de la población a un alimento como el pescado que les ha faltado a los cubanos en todos estos años de Revolución con la abundancia que naturalmente debe permitir la posición geográfica y la insularidad de la isla.

Una Cuba donde se tenga el derecho a viajar al exterior, eliminando los humillantes permisos de salidas y entradas que convierten hoy al cubano en un preso de su propio gobierno, y donde se establezca el pago de las tarifas para asuntos

migratorios de acuerdo con la moneda y el salario medio básico del país, sin imponer limitaciones de movimiento, como hoy existen, a los trabajadores de la salud, de los ministerios y organismos estatales, de las fuerzas armadas, etc.

Una Cuba donde el Estado no utilice como rehenes a los hijos, cónyuges y familiares cercanos de los pocos cubanos que pueden viajar, y donde ese derecho universal no se reserve (convertido en privilegio), como ha sido hasta hoy, exclusivamente para algunos altos funcionarios de la cúpula del poder político y para personal de fidelidad probada al gobierno. Una Cuba donde cualquier cubano tenga derecho a regresar a vivir al país después de haber emigrado, sin que medien permisos absurdos a precios abusivos, como sucede hoy.

Una Cuba donde visitar a un familiar o cubano residente en el exterior, tenga el credo político que tenga, no sea considerado peligroso por ningún político en el ejercicio del poder, como sucede ahora con los cubanos que “desertan” en trabajos que el gobierno considera “misiones oficiales” (deporte, ciencia, arte, colaboración internacionalista, etc.).

Una Cuba donde asuntos tan simples como la elección del cambio de domicilio sea voluntad del ciudadano y no sufra las absurdas regulaciones que en la actualidad impiden el libre intercambio de las viviendas entre los interesados; regulaciones burocráticas que lo único que han propiciado es el crecimiento de la corrupción administrativa y el descontento popular.

Una Cuba donde se otorgue valor real a la palabra “propietario”, de modo que los cubanos puedan vender y comprar inmuebles, terrenos, autos y otras propiedades, sin que sean consideradas ilegales.

Una Cuba donde invitar a un amigo extranjero a dormir en nuestra propia casa no sea un acto delictivo, como lo es hoy, y donde organizaciones de masas como los CDR, si es que deciden mantenerse, se conviertan en mecanismos transmisores de las preocupaciones de los ciudadanos hacia los altos niveles y no en un medio de control de la vida íntima de las personas.

Una Cuba donde los cubanos puedan visitar y disfrutar de hoteles, restaurantes, playas y complejos turísticos, sin sufrir, como sucede hoy, un apartheid oficial que los convierte en ciudadanos de segunda categoría en comparación con el turista extranjero.

Una Cuba donde no sea delito vender cualquier pertenencia personal, servicio, producto alimenticio, artesanía casera, etc., siempre y cuando ello cumpla con las regulaciones fiscales, de sanidad y ética social necesarias.

Una Cuba donde se permita la iniciativa privada para la organización independiente de equipos deportivos, actividades culturales y actuaciones artísticas, así como la adquisición de locales para clubes deportivos, culturales o sociales, estableciendo vínculos con los organismos estatales de estas disciplinas siempre y cuando lo necesite y considere necesario el gestor de esta iniciativa.


Una Cuba donde se pueda reclamar, personal y legalmente, con o sin el apoyo de las entidades legales y estatales creadas para esos fines, cualquier premio, galardón, ayuda internacional, beca otorgada en el extranjero, y donde exista, como derecho ciudadano, la posibilidad de imponer y financiar internacionalmente pleitos legales apoyados por las autoridades judiciales y legales del país, sin que este apoyo esté condicionado a razones ideológicas vinculadas con la fidelidad al poder político.

Una Cuba donde exista la posibilidad de escoger un médico, un hospital o un servicio paramédico alternativos a los que brinda el Estado, sin que por ello el Estado se desentienda de su responsabilidad de ofrecer gratuitamente y con la calidad óptima los servicios de sanidad y salud pública.

Una Cuba donde matar ganado vacuno y comprar esta carne no sea un delito de alta peligrosidad penado con largas condenas en prisión y donde, en vez de perseguir a quienes cometen este delito, se busquen las vías y mecanismos necesarios para garantizar que los cubanos tengan acceso a este (y a cualquier otro) alimento y no se vean obligados a “delinquir” comprando artículos de primera necesidad en el mercado negro, debido a que el Estado no ha sabido crear hasta la fecha la capacidad de producción que surta a la población con una canasta básica satisfactoria.

En esa Cuba nueva que sueño será vital, también, recuperar lo perdido en materia de salud y educación; elevar y fortalecer los niveles actuales de seguridad y protección social del ciudadano (que, como ha llegado a reconocerse por el propio gobierno, ni siquiera satisface las mínimas expectativas y necesidades reales de la población); establecer una lucha sostenida, objetiva y real contra lacras sociales como la prostitución, la droga y la delincuencia generalizada, mediante un trabajo sólido con las inversiones necesarias buscando frenar la actual marginalización de la sociedad, debido a las pésimas condiciones de sanidad, de la vivienda, los servicios comunales, el abastecimiento de agua, gas y la electricidad. Devolver su papel a la sociedad civil dentro de la construcción de un futuro mejor para los cubanos, garantizando los necesarios (y respetuosos) lazos de interacción entre esta importante institución, el Estado y el gobierno.

¿El futuro?

Cuba necesita renovaciones profundas y no retoques en el maquillaje de un sistema social que ha dado muestras de su decadencia, al menos en el método en que ha sido aplicado. Los cambios realizados por el nuevo gobierno de Raúl Castro desde el inicio de su gestión son, cuando menos, bochornosos y ofensivos a la inteligencia en atención a lo que la sociedad cubana y los cubanos necesitan.

Creo necesario, sobre todo, seguir trabajando, con aperturas mayores dentro de la sociedad y una participación ciudadana libre de condicionamientos ideológicos, en logros del proyecto originario de la Revolución, como lo son, haber colocado a Cuba en un papel protagónico en el mapa político internacional mediante la búsqueda, en conjunto con otras naciones (sin que importe el camino político de éstas), de la edificación de un mundo más equitativo y más humano.

También haber dado al pobre, al negro y a la mujer, una dignidad personal que (aunque algunos extremistas pretendan negarlo) nunca antes tuvieron en nuestra historia; haber eliminado el analfabetismo y muchas enfermedades prevenibles, que ningún gobierno anterior había podido erradicar; haber consolidado un proyecto cultural fuerte, extensivo a todos los rincones del país y abierto a la participación de todos los cubanos (aún cuando, como dije antes, sea necesario eliminar los condicionamientos ideológicos y las divisiones y exclusiones culturales por razones políticas, que hoy existen); haber creado una fuerte conciencia solidaria internacional en el pueblo cubano (aún cuando el costo humano y económico haya sido altísimo, y los errores cometidos en ese campo hayan sido, y aún sean, descomunales y altamente politizados); y, especialmente, haber sacado a la nación de su condición de traspatio de lujo de Estados Unidos y elevar la dignidad nacional demostrando a sucesivos gobiernos norteamericanos que su poder económico y político no basta para imponer su voluntad imperial a un pueblo determinado a luchar por su independencia, lo que ha convertido a Cuba en un ejemplo mundial en la lucha de los pueblos del Tercer Mundo contra el hegemonismo imperialista internacional.

El gran reto de los gobernantes cubanos, si es que realmente quieren salvar los aspectos hermosos de aquella Revolución en la que muchos creímos y por la que todavía muchos abogan, es entender de una vez que se puede lograr la independencia nacional respetando al mismo tiempo las libertades y derechos personales de todos los cubanos, sea cual sea su ideología; deben confiar, de una vez por todas, en la inteligencia y la capacidad de los cubanos de todas partes para luchar y establecer un futuro mejor para el país.

Deben comprender que no tienen derecho de erigirse, mediante la fuerza y la creación de mecanismos de control políticos y de otra índole, en portavoces de un pueblo donde cada vez más se evidencia una multiplicidad de opiniones divergentes con los rumbos oficiales; que se hace cada vez más necesaria la real división de poderes de la sociedad y no la actual estructura de poder monopólico del Partido Comunista, y que es un grave error, como han hecho hasta hoy, priorizar la construcción de un sueño político (en este caso, la supremacía supuesta del socialismo, como único orden internacional que salvará al mundo del capitalismo salvaje) dejando para último lugar la prosperidad y la felicidad del pueblo cubano.

* Amir Valle (Cuba, 1967). Escritor, Ensayista, Crítico Literario y Periodista.
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Cuba, una lección de dignidad
Jotamario Arbeláez jmarioster@gmail.com
eltiempo.com / opinión / columnistas 13 de enero, 2009
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jotamarioarbelez/cuba-una-leccion-de-dignidad_4751903-1 (95 comentarios)

Con el triunfo de la revolución cubana, el 1o. de enero de 1959, quienes andábamos por los 18 años de edad y hacíamos los primeros pinitos hacia la transformación del mundo, sentimos que se hacía realidad la epopeya, que David volvía a golpear a Goliat, que con la caída del tirano Batista y la expulsión de los millonarios gringos que tenían a la isla convertida en el burdel de su esparcimiento, comenzaba para el tercer mundo una etapa decidida hacia su liberación.

Fidel Castro era el líder fundamental de esta hazaña, acompañado por un puñado de barbudos mesiánicos, tripulantes del 'Granma'. Cómo añoraba uno volverse comandante de su propia insurrección nacional, en busca de un planisferio más justo. Pero nos detenía nuestra incapacidad para la acción y la convicción de que con la palabra podíamos ir tan lejos y todavía más que con los actos intrépidos de gobierno. Quienes así pensábamos teníamos puesta la mirada en Casa de las Américas, entidad cultural que editaba libros, revistas, promovía exposiciones, conciertos y proveía un concurso en varias disciplinas literarias que mantiene su prestigio, por cuanto a través suyo han aparecido figuras de primera línea en Latinoamérica.

No creo que la decadencia de la revolución cubana haya comenzado cuando Fidel dio un traspié en un auditorio y se fue de bruces, como afirma el poeta Eduardo Escobar, hilando muy delgadito, con el argumento de que sus rodillas no soportaban ya el peso de sus sueños. Un tropezón cualquiera da en la vida, y tropezones y sobresaltos fueron los que se dieron en los tiempos pugnaces de Sierra Maestra. De los que se levantaron para triunfar. Caída aparatosa fue la de la Unión Soviética -que amparaba las insurrecciones nacionales que le convenían-, enredada en sus propios cordones. La 'transparencia' impuesta por Gorbachov terminó por invisibilizarla. Y la zafra se quedó sin su comprador principal. Si del ejemplo del triunfo de los barbudos dependía la sovietización del mundo, Cuba tomó la determinación de exportar su revolución. Le fue mal, a pesar de lo bien intencionado de los propósitos de la conferencia Tricontinental.

Los mejores murieron en las montañas, y también los peores. Los más jóvenes, y también los guerrilleros más viejos del mundo.
Cuba fue abandonando su proyecto de mundializar su modelo. Con el embargo o bloqueo impuesto por los Estados Unidos, cuando se dieron cuenta de que no pudieron invadirla ni hacer realidad los centenares de intentos de asesinar al líder barbudo, la sumieron en una miseria que los cubanos han sabido disimular con su dignidad.

En estos días se cernieron sobre la isla de nuestros afectos tres horrendos huracanes, empezando por el 'Ike', que dejaron sin techo a miles de humildes cubanos. Por entonces recibí un premio de poesía en Venezuela, el 'Chino' Valera Mora, con el mismo monto de 100.000 dólares ofrecidos por Batista a quien le entregara a Fidel. Destiné el diezmo de 10 mil dólares para esos dolientes damnificados. Me hubiera gustado donar más, pero sobre mis finanzas había soplado también un viento de quiebra. Fernando Vallejo se dio el lujo de donar su premio completo, el Rómulo Gallegos, a los perros de Caracas. Y antes, García Márquez a los del MAS. Sin contar que este movimiento al socialismo estaba dividido en "perros" y "halcones".

Hoy sabemos que ya no fuimos, y menos mal, colegas comandantes de Fidel Castro en una revuelta imposible. Probablemente nos salvó nuestra cobardía, si así puede llamarse cierta sensatez de proveniencia búdica. Pero 50 años después de la entrada triunfal en La Habana, ahora que ha abandonado el poder, nos congracia ser sus colegas en las actividades de escritor y de columnista de prensa. Ya estoy leyendo su libro sobre la violencia en Colombia. Y no me pierdo sus reflexiones en el periódico Granma. Sorpresas te da la vida.

Más que por su revolución, Cuba merece solidaridad por su resolución. Patria o muerte. Venceremos. Dijeron. Y no están vencidos.

jmarioster@gmail.com Jotamario Arbeláez
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Cuba, un fracaso del bien
Eduardo Escobar
EL TIEMPO, Publicado el 13 de Enero de 2009 http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardoescobar/cuba-un-fracaso-del-bien_4751005-1


La televisión hizo que la imagen trágica diera varias veces la vuelta al mundo. Fidel avanza por el auditorio atestado, da un paso falso, se precipita. Sin los reflejos del antiguo deportista, la cosa habría sido peor. Ese día marcó el comienzo de la decadencia de un titán. Un gran hombre por el peso de unos sueños que ya no soportan las rodillas, y por el tamaño de sus defectos más que por sus realizaciones, digamos la verdad.


Símbolo del fracaso del Bien contra lo real, Fidel es para vastos sectores de la generación que estaba en la adolescencia cuando entró en La Habana con su horda de profetas barbudos un libertador desgraciado. Los periódicos nos habían acostumbrado a la figura crística, los ojos límpidos en el cielo, apoyado en un fusil, cuando contaba con la simpatía universal. Ícono de la rebelión planetaria contra lo viejo en medio de los pavores atómicos de la guerra fría, las viles dictaduras militares latinoamericanas, el rock protestante del jipismo, y las revueltas universitarias de los años sesenta, según su ejemplo montones de idealistas en todas partes se tragaron el cuento de la infalibilidad de la guerra de guerrillas y se fueron al monte a matar y a morir.


En su génesis la revolución cubana fue una fiesta. Y una pedagogía. La Habana, la capital de la inteligencia occidental. Allá pasaban Sartre y su mujer, los escritores del boom indoamericano, los poetas disidentes de Norteamérica, Allen Ginsberg, los nadaístas, los teólogos de la liberación, Ernesto Cardenal. Casa de las Américas propiciaba encuentros. Patrocinaba concursos prestigiosos. Pero el milagro pronto empezó a pisar suelo de erizos bajo la superficie tersa de la ilusión renovadora.


Las lacras del dogmatismo, los fiascos en la economía, las multitudinarias frustraciones de las zafras se unieron en una cadena de acontecimientos siniestros a los dilemas sobre el sentido de la revolución y las divergencias con el partido comunista encarnado en personajes como Aníbal Escalante. El juicio del poeta Heberto Padilla evidenció las restricciones a la libertad de expresión y opinión. Los militares fusilados por narcotráfico, las corrupciones. Las fugas masivas de cubanos del estrambótico paraíso hacia los espejismos del capitalismo montados en neumáticos viejos y tablas podridas, la insatisfacción. Luego, la bancarrota de los bolcheviques en Rusia dejó sin amparo a Fidel y comenzó a quedarse solo en medio de su nación arruinada.


Por el bloqueo, dice la ortodoxia burocrática. Por la falta de realismo político, dice la autocrítica.


La torpeza del bloqueo yanqui afianzó el poder del discípulo de los jesuitas, dice el sentido común. No hay que ser profeta para saber que el día cuando acabe el bloqueo la revolución se va a desbaratar en un santiamén ante el hambre de novedades del capitalismo, el derecho de acceder a la tecnología de una simple licuadora, a fundar periódicos y hablar en voz alta. Aterran los intelectuales de izquierda haciéndose agua la boca en los periódicos con declaraciones viciosas nacidas de la emoción y el orgullo herido más que de la razón en los 50 años de la revolución. La dignidad socialista, las conquistas de la equidad fidelista son delirios, fábulas, consuelos en el destrozo de las buenas intenciones. Condenaron a muerte lenta en una dialéctica escabrosa varias generaciones de cubanos vivos en favor de unos cubanos por nacer. Alguien dijo que con Fidel los oprimidos de Cuba tomaron la palabra. Pero hace seis meses carecían de teléfonos celulares. Y qué es la libertad de palabra sin la libertad de hablar por teléfono.


La izquierda exquisita se niega a aceptar el fracaso de la revolución cubana en un socialismo surrealista a la Maldoror. Y que por eso Fidel, que puede ser todo lo que uno quiera menos bobo, lleva esa cara de tristeza infinita como una cruz que parte el alma de quienes aún lo admiramos como a un padre con desmesuras y fiascos y todo con una admiración grande como la piedad que nos inspira.
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Licencias poéticas
Por: Alejandro Gaviria gaviria.alejandro@gmail.com
EL ESPECTADOR -Opinión 17 Ene 2009 - 10:00 pm
http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/alejandro-gaviria/columna108662-licencias-poeticas
http://agaviria.blogspot.com/2009/01/licencias-poticas.html En el blog del escritor. Allí 171 Comentarios a este texto y el poema completo de Rivero.
ESTA SEMANA, EL POETA WILLIAM Ospina publicó un ensayo en tres partes (1, 2 y 3) sobre los logros y los extravíos de la revolución cubana. Ospina repite casi al pie de la letra la historia oficial, contada, como es usual, en tres capítulos: el pasado indigno de la dominación imperial, el presente heroico de las dificultades materiales y el futuro promisorio de un pueblo que ama su revolución. Pero el ensayo es más interesante por lo omitido que por lo enunciado.
Los silencios del poeta son más elocuentes que sus palabras. William Ospina no hace ninguna alusión al acoso sistemático sufrido por los intelectuales y artistas cubanos que se atreven a pensar distinto, a las restricciones a la libertad de expresión que han imperado por décadas en la isla, a las arbitrariedades de un Estado policial e intolerante.

El silencio del poeta es extraño. Inexplicable. Hace apenas unas semanas, en este mismo diario, Ospina escribió una denuncia vehemente contra las intenciones (aberrantes, por cierto) de la Fiscalía de enjuiciar a la dramaturga Patricia Ariza. “Aunque sea torpe y absurdo el cuento que te han montado —escribió Ospina en tono epistolar— no significa que no sea peligroso, en un país donde tanta gente se ha visto arrojada al exilio por sus opiniones”. “Esas campañas de hostigamiento no dejan de ser el homenaje que la barbarie le rinde a la inteligencia, que los inquisidores les rinden a los espíritus libres…”, reiteró el poeta. En Cuba, mucha gente ha sido encarcelada por sus opiniones, los espíritus libres han sido perseguidos por inquisidores uniformados, la barbarie ha conspirado contra la inteligencia, etc. Pero el poeta no se inmuta, su solidaridad parece parcelada por los límites artificiales de la ideología.

Ospina olvidó la lección de su maestro, Estanislao Zuleta, quien invitaba a sus discípulos a seguir los preceptos del racionalismo, a ser consecuentes en sus opiniones. Si el acoso estatal es malo en Colombia, tiene que ser malo en Cuba, donde hay más periodistas encarcelados que en cualquier otro país con la excepción de China. Si el acoso torpe a Patricia Ariza es condenable, el hostigamiento sistemático al poeta cubano Raúl Rivero tiene que serlo aún más. “¿Qué buscan en mi casa estos señores?”, pregunta Rivero. Y él mismo responde: “Ocho policías / en mi casa / con una orden de registro, / una operación limpia, / una victoria plena / de la vanguardia del proletariado / que confiscó mi máquina Cónsul, / ciento cuarenta y dos páginas en blanco / y una papelería triste y personal / que era lo más perecedero /que tenía ese verano”.

Pero Ospina no parece preocupado por estos asuntos policiales. “Tal vez el problema principal de Cuba no es de gobierno sino de recursos”, dice sin ambages. Como si las restricciones a la libertad fuesen un asunto de plata, una fatalidad económica más que una política deliberada. La omisión de los excesos del régimen cubano revela, creo yo, una sensibilidad impostada. Las expansiones líricas del poeta, tan frecuentes, parecen, entonces, arrebatos publicitarios hechos a la medida de una ideología, de un partido. En últimas, el poeta mostró esta semana que, después de todo, se siente a gusto en el papel modesto de propagandista.
http://agaviria.blogspot.com/
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En defensa de William Ospina
Opinión 15 Ene 2009 - 8:46 pm
http://www.elespectador.com/columna108103-arte-y-moral
Dijo Oscar Wilde que con razón se dedica a enseñar el que no pudo aprender y eso explica la crítica absurda de Eduardo Ortiz V., de Cali, a quien por fortuna desconozco totalmente y no sé cuáles sean sus aportes a la buena literatura y a ensayos serios. Afirmo lo anterior tras la crítica llamada desperdicio al referirse dicho señor al gran escritor y ensayista William Ospina, bien conocido en los círculos intelectuales y literarios del país y del extranjero. Menospreciar su crónica sobre la Revolución Cubana y afirmar que ella nada aportó como nuevo al enfoque de dicho tema, es desconocer la calidad intelectual del editorialista William Ospina. Lástima que para criticarle se le hayan cedido renglones al desconocido señor Eduardo Ortiz V., en El Espectador en su columna Carta de los Lectores. Si desea conocer otros conceptos que se acomoden a su gusto sobre la Revolución Cubana, que lea a George W. Bush.
Danilo Alarcón Quiñones. Bogotá.

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