martes, 25 de septiembre de 2007

CONTRA LOS GERENTES DE LA LITERATURA EN COLOMBIA

Bogota, ¿capital mundial del libro?
CONTRA LOS GERENTES DE LA LITERATURA EN COLOMBIA
Por Eduardo García Aguilar
(1) ,
Escritor colombiano residente en París . http://www.egarciaguilar.blogspot.com/
Tomado de Cronopios* ignacioramirez@cable.net.co Martes 25 de septiembre de 2007
Cronopios* Diario virtual para hombres y mujeres de palabra, fundado en 1990
Publicado en LA PATRIA de Manizales
Foto del autor tomada por NTC ... de su blog http://www.egarciaguilar.blogspot.com/ :
"En el Hotel Hilton de Berlín durante el Congreso Internacional del PEN Club en mayo de 2006"

La poesía y la literatura no sólo deben ser escritas sino vividas y con mucha más razón en estos tiempos que, como en casi todas las épocas, se caracterizan por la violencia, la competencia y la codicia generalizadas. Ahora en el mundo de los libros todo es dinero, cifras de ventas y contratos, marketing, promoción, agentes literarios, publicidad, escándalo. Y en esa guerra por lo regular los que más suenan son comerciantes avorazados que en todo piensan menos en lo que es y ha sido el ejercicio de la literatura y el pensamiento en el mundo: un acto de rebeldía y dignidad humanas.

No es extraño ver ahora subidos en los podios a verdaderas bestias de la cultura y a muñecas de falsa porcelana que han sido aupados allí por exitosas estrategias de venta, haciéndose pasar por grandes autores. Basta pensar en escritores latinoamericanos como Felisberto Hernández, Juan Rulfo, José Lezama Lima, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y del mundo recordar a Marcel Proust, Thomas Mann, Walter Bejamin, Joseph Roth y Elías Canetti para entender que la literatura es algo distinto a esas obras escritas con una prosa fácil y plana que reproduce los más triviales lugares comunes para gusto de tontas amas de casa adineradas o « gomelos » que compran la ultima novedad para llevarla de regalo a una novia anancefálica o al cumpleaños de un jefecillo idiota.

Como por fortuna en muchos países del mundo aún hay espacios verdaderos para la cultura, porque el dominio total de la violencia y la corrupción fueron limitados por largas tradiciones de civilidad, es necesario rebelarse en Colombia contra esa gran impostura que se ha ido imponiendo ahora que la plutocracia española decidió regresar a hacer la reconquista de nuestros países por medio de grandes grupos avorazados que poco interés tienen en la cultura y caminan con patas de gigantescos animales hediondos a neo-franquismo por los vastos territorios del continente.

América Latina tuvo momentos de gloria editorial cuando en la primera mitad del siglo XX florecieron grandes editoriales en Argentina, Chile y México, que circulaban ampliamente en el resto de los países. Ese auge era acompañado por la existencia de revistas tan notables como Sur en Buenos Aires, Contemporáneos y Vuelta en México y Mito y Eco en Colombia, para sólo mencionar algunas. En editoriales como Sudamericana, Joaquín Mortiz, Monte Ávila, Fondo de Cultura Económica y tantas otras en todo el continente aparecían libros que todavía marcan los espíritus y que eran escogidos con criterios de amplia calidad estética. Los requisitos no eran el éxito inmediato y rápido, sino dejar una huella en la cultura, tejer lazos con el pensamiento y el arte mundiales, por lo que en esas editoriales cabían colecciones de ensayo, poesía, relatos y ficciones que no buscaban sólo un entretenimiento fácil. La literatura no se reduce a autores de narrativa como creen en el evento Bogotá, capital mundial del libro: es también poesía, ensayo, pensamiento, crónica, aforismos, panfleto y diatriba como ocurrió en otros tiempos más gloriosos de España con Valle Inclán, Gómez de la Serna y Cernuda.

La gran pléyade de autores latinoamericanos, incluso en el campo de la crítica, la poesía y el ensayo, ahora casi desaparecidos, y la vasta obra de otros autores mundiales que eran traducidos con amor y pasión circulaban en las librerías, como ocurrió en Colombia con la inolvidable Librería Buchholz. En muchas ciudades de provincia había librerías que eran atendidas por personas idóneas que aconsejaban e incluso hacían de esos espacios verdaderos lugares de discusión y oasis de cultura. Pero ahora en Colombia me da la impresión de que todos tenemos que seguir como borregos los dictámenes del gusto comercial de los mercaderes españoles: lo que ellos digan se convierte en la gran literatura colombiana de hoy sin que haya crítica ni la más mínima protesta en el llamado miedo ambiente creado por este régimen caudillista, corrupto y frívolo en el que vivimos desde hace años. Nos inventan como genios a señoras escritoras de novelas rosas, geniecillos dominicales que vomitan la autobiografía y nos muestran con lágrimas hasta su ropa interior sucia, nos sacan del sombrero rebeldes de un neocostumbrismo de pacotilla, nos escupen poetisas con estatua plástica, que son sólo las nuevas Corín Tellado del ejercicio poético como si no hubiera tradición en América Latina y en la propia Colombia. Y no pasa nada: el dictamen lo hacen los petimetres desde Bogotá mientras los obesos capataces españoles hacen timbrar la caja registradora.

Hay que rebelarse contra esta gran impostura totalitaria en materia de literatura en Colombia. Me resisto a creer que en las facultades de humanidades no haya jóvenes dispuestos a rebelarse contra esta trampa haciendo huelgas literarias contra los genios del lugar común, la autobiografía lagrimeante y la novela y la poesía rosas colombianas de hoy. Que la ministra de Cultura del caudillo se atreva a decir en México en una conferencia de prensa que Fernando Vallejo « no está contemplado » como autor para la Feria Internacional del Libro de Guadalajara dedicada a Colombia, me parece un escándalo que muestra los niveles a donde ha llegado la censura en Colombia. ¿Con qué derecho la ministra decide excluir de la literatura colombo-mexicana, como en los conventos, a Vallejo, con quien uno puede estar en desacuerdo en muchísimas cosas, pero hay que reconocerle que es uno de los pocos que tiene la valentía de decir ciertas verdades incluso al presidente o al Rey de España y no callar a cambio de una invitación, una copita de vino, una empanada o una canonjía?

¿Qué significa pues vivir la literatura en vez de escribirla? La respuesta es simple: es un acto de rebeldía contra los poderes y una distancia frente a la vida y el mundo que parte desde la vida y el mundo mismos. Creo muy difícil que haya literatura sin generosidad, rebelión y humanismo, palabras que ya están pasadas de moda y tal vez sean anacrónicas y ridículas para el generalizado espíritu empresarial de estos tiempos paraliterarios.

Porque de la misma forma que los políticos han decidido gobernar como si se tratara de gerenciar, los escritores viejos y jóvenes de ahora han decidido en su mayoría « gerenciar » sus propias carreras literarias y escribir según criterios de marketing, en espera de que los inviten a una feria o a un coctel. Aunque este fenómeno es mundial, es necesario reconocer que en muchos países, como Francia y México, hay espacios reales para la literatura por fuera del marketing, pero que en países como Colombia y otras republiquetas el único espacio es el que dicta el comercio y la publicidad gachupinas. Incluso las universidades, los periódicos y las revistas se han vuelto sólo ventanas publicitarias gratuitas de lo impuesto de manera arbitraria por los gerentes españoles y sus petimetres colombianos de las editoriales multinacionales implantadas en las colonias. Y las autoridades capitalinas y nacionales reservan los grandes pedidos de libros para los tres grandes grupos y excluyen a las pequeñas editoriales colombianas

Es hora, pues, de rebelarse contra los gerentes de la literatura colombiana. Y la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara en México puede ser un buen momento para quitar las máscaras de esta « Colombia es pasión » que sólo es un nacionalismo hipócrita y servil de arrodillados ante la plutocracia norteamericana y española. ¿Bogotá, capital mundial del libro?: sería mejor decir Bogotá, capital mundial del marketing literario.
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(1) NoTiCas y complementciones de NTC ... sobre EGA



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*** OTRO TEXTO DEL MISMO AUTOR

DIATRIBA CONTRA LA POESIA COLOMBIANA SENTADA EN SUS LAURELES

A riesgo de provocar la furia de los nacionalistas.

Fecha: Domingo 22 de Julio de 2001. EL TIEMPO Sección: LECTURAS DOMINICALES


Reproducido en NTC … del 9 de Julio de 2002 y re-reproducido en NTC -documento del 15 de agosto de 2007
http://ntc-documentos.blogspot.com/2007/08/blog-post.html
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TEXTOS RELACIONADOS
*** DOS CIUDADES, DOS FERIAS
Por Omar Ortiz
, ortizforero@hotmail.com
Tuluá, 19-sep-2007

En este año Cali y Medellín efectuaron simultáneamente un evento que bien puede registrar el pulso espiritual de una urbe. Se trata de la Feria del Libro, cumplida entre el 7 y el 17 de septiembre en las dos capitales. Así, mientras en la capital de la montaña el evento ferial denominado Fiesta del Libro, por la administración Fajardo, tuvo todos los recursos, económicos y humanos, para desarrollar su programación editorial, académica y cultural desde un espacio tan acogedor y hermoso como el Jardín Botánico, en la otrora Sultana del Valle, el mismo evento languideció en el caluroso e incomodo coliseo Adolfo León Gómez de la Universidad del Valle, donde los estamentos académicos y administrativos están enfrascados en el proceso de elección de rector, y en un esfuerzo que sostiene con las uñas y contra viento y marea el profesor Darío Henao frente a los poderes privados y públicos que manejan la ciudad y que tienen su interés puesto en otras actividades.

Si bien toda comparación es odiosa, sobre todo para quien en ella pierde, es inevitable señalar como Medellín rodea sus actividades de un gran poder imaginativo y de compromiso, realizando, por ejemplo, dos programas que se complementan armoniosamente como la Fiesta del Libro y el Festival de Jazz que llevó a la ciudad artistas de calidad universal como al Cigala y a Israel López “Cachao”, que compartieron expectativas y público llegado a la Villa de la Candelaria de todos los rincones de Colombia. En Cali, la Feria se cumplió en buena parte paralelamente a una muestra de moda y modelos que resalta la total banalización de la Capital de la Salsa en sus costumbres culturales.

Es una pena que en plena inauguración de un evento donde el país invitado era Brasil, un territorio tan rico en experiencias artísticas y culturales, la directora de la Batucada que se presentaba en el teatro al aire libre Los Cristales, tuviera que suspender públicamente su presentación por las ostentosas fallas en el sonido. No tiene presentación que una región como el Valle del Cauca no se entere de un hecho vital para el fortalecimiento de su capacidad de reflexión y de crítica. Tal vez la dolorosa historia que el Departamento ha tenido que soportar por el asesinato de los once diputados, o el continuo discurrir por una cotidianidad marcada por la violencia, la corrupción y la mediocridad de todos sus estamentos sociales, o en fin las innumerables pestes que ha tenido que sufrir el vallecaucano común, han vaciado lo que quedaba de alma en el País Vallecaucano, mientras los antioqueños, como el espíritu burlón, se reían, se reían.
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*** 39 escalones que conducen a quién sabe qué parte*
Por Carlos Patiño Millán,
capami@yahoo.com

En la célebre película de Alfred Hitchcock, Los 39 escalones, Richard Hannay sentado en un music-hall londinenense, observa actuar a Míster Memory, quien responde al detalle sobre cualquier pregunta que le hacen. De pronto, suena un disparo y estalla una pelea. Yendo hacia la salida, Hannay encuentra a una bella joven. Como se ve, todo espectáculo por ingenioso o vulgar que parezca conduce finalmente a la belleza, al amor y a la tragedia, no necesariamente en ese orden. Los 39 escalones narra la historia de un hombre que conoce casualmente a una mujer que es asesinada al poco tiempo; antes de morir ella revela que es una espía que tiene que impedir que un importante secreto salga del país. A partir de ese momento, Hannay será perseguido tanto por los buenos como por los malos. De nuevo, Hitchcock utiliza el manido argumento del falso culpable para mantenernos pegados a la silla por los 82 minutos y, vaya casualidad, 39 segundos que dura la película. No hay que ser un genio para relacionar el genio de Hitchcock con el de los tres personajes que se encuentran a mi lado. Ellos como el protagonista de la película son falsos culpables. Antes de explicar lo dicho, permítaseme una digresión al mejor estilo caleño.

¡Vaya siglo de listas!

Horrorizado ante todo oficio, el adolescente rebelde Arthur Rimbaud soltó aquellas perlas que todavía nos hacen estremecer: “Patronos y obreros: patanes, innobles. La mano en la pluma es como la mano en el arado. ¡Vaya siglo de manos! No seré nunca un mano de obra”. No vivimos ya el siglo que silbó Rimbaud y que cantó sus audacias literarias: ni patrón ni obrero, el poeta hizo camino entre el capital y el sudor, su voz inauguró otro sendero, a salvo –al menos en teoría- de patanes avaros e innobles deudores.
Hoy estamos peor: gracias a la inagotable estulticia humana, el horizonte ha caído tanto que decir que la vida se ha convertido en el arduo ejercicio de sobrevivir a la peste de las listas es decir bien poco (a la cabeza, en nuestra parroquia, se sitúa la lista de “las 50 cosas que hay que hacer antes de morir”, invitación de la revista Soho, a la que muy acuciosamente respondió el primer patriota de la patria con una joya llamada “Escribir un poema” ).
¡Vaya siglo de listas! ¡Qué manía la de hacer antologías de todo cuanto acontece! ¡Triste siglo en
donde lo que no está in está out y hasta un libro como Ulises de James Joyce se consume por internet en una versión para dummies!
Tal como están las cosas, aun los peces más difíciles de asir son incapaces de resistir la tentación de enumerar en público sus propias filias y fobias; mercado para hay para todos y existen quienes escuchan y leen los gustos y disgustos de otros como receta confiable. Con todo, nadie que da consejos o dicta la lista de sus baladas preferidas, acepta lo que hace.
Por el contrario, el artificio es decir que no se está tirando línea cuando la realidad señala que sí. Un profesor muy respetable como Harold Bloom demuestra mi aserto cuando confiesa al inicio de su libro Cómo leer y porqué: “No debe pensarse que la selección es una lista exclusiva de qué leer, se trata más bien de una muestra de obras que mejor ilustran por qué leer”. Más claro no canta nadie. La idea es hacerle caso a ese ego que susurra que uno es autoridad, genuina o inventada, trascendente o efímera, y que el otro no lo es, por lo tanto, ese otro está pendiente de lo que yo pontifique.

Bogotá, capital mundial de los 39 escalones

Tres colombianos, una escritora, Piedad Bonnett, y dos escritores, Héctor Abad y Óscar Collazos, invitados por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá y por los organizadores del Hay Festival, tuvieron la bizzaría, es decir, el valor de escoger –con motivo de la designación de Bogotá como la capital mundial del libro- a “los mejores 39 escritores latinoamericanos menores de 39 años”. La selección, como es obvio, ha levantado polvo del raro en el país y en el continente literario. Y no es de extrañar pues un convite tan inusual suscita toda clase de lecturas, a favor y en contra. ¿Por qué 39 narradores menores de 39 años nacidos en América Latina? Por tres razones: porque sí, supongo; punto aparte. Porque en Colombia, cuna de los jurados y de seis de los ungidos, decir 40 es decir “Jorge 40” y decir 38 es decir “calibre 38”; segundo punto aparte.
Porque así les dio la bendita gana a los organizadores del evento y como dicen por ahí, “todo el mundo hace de su cu** un valero y de su ch**** un masato”; tercer punto aparte.
No me parece pertinente repetir aquí las críticas despiadadas de Valencia en Arcadia, las suposiciones que hilan demasiado delgado o el incienso que se esparce generoso por cuenta de críticos como González, Parra, Luis, Iwasaki, Trelles, Carrión, Ortega, Afanador, Paz, Zicavo, Néspolo, Sánchez, Briceño o Barrios en piedepágina, el prólogo de Tamayo que arriesga sin arriesgar nada en el libro 39, antología del cuento latinoamericano o incluso las babosadas escritas por algunas de nuestras más locas plumas locales y aparecidas en Soho y Semana; los interesados pueden consultarlas y sacar sus propias conclusiones.
Es más, pueden hojear la revista Libros en donde aparece otro canon titulado Lo que vendrá: reportaje a la nueva literatura colombiana y en donde no clasifican Quintana, García y Silva Romero –nuestros tres personajes- sino Álvarez, Robledo, Charry, Ungar, Bula, Posada y Burgos, otras siete ilusiones a las que les echamos abono, agua y bendición.

¿A dónde va a parar este globo?

Al inicio de esta presentación dije que los tres invitados eran tan falsos culpables como Hannay, el protagonista de Los 39 escalones. Si hay que hallar culpables ellos no lo son. Se han limitado a escribir, bien o mal, pero no hay duda de que son creadores. Fueron elegidos, son colombianos, pero, cosas rara, no compraron votos, no amenazaron a sus colegas, no firmaron sucios pactos. Los culpables –si es que los hay- habrá que buscarlos río abajo: ahí están los organizadores que quisieron pasarse de listos con una convocatoria hecha a la medida del consumo; los “gerentes de la literatura colombiana”, como los llama Eduardo García Aguilar, que convirtieron a Bogotá, “capital mundial del libro”, en Bogotá, “capital mundial del marketing literario”; los jurados que no fueron capaces de admitir que es humanamente imposible leer todo lo que han debido leer; los que por ignorancia o mala fe silenciaron nombres más prestigiosos o más promisorios; los que pudiendo hacerlo no editan a los escritores latinoamericanos condenándonos a leer primero a cualquier cincuentón español decadente que a una deslumbrante peruana de treinta años.
¿A dónde va a parar este globo? No lo sé, estamos reunidos aquí para saberlo. Si estos, 3 de nuestros 39 escalones conducen a alguna parte,
son ellos los que tienen que decirnos hacia dónde.

Cali, Septiembre de 2007.
* Texto leído como moderador en el conversatorio “Tres de la generación de 39” evento desarrollado el 25 de Septiembre de 2007 dentro de la programación del XIII FESTIVAL INTERNACIONAL DE ARTE DE CALI (20-30 de OCT. 2007)
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SOPOR i PIROPOS
EL 39 EN CAPITALES Y BASTARDILLAS
Por Nicolás Morales
ARCADIA, SEPTIEMBRE de 2007. Pág. 54
Escaneó, reprodujo y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com, gaboruizar@hotmail.com Sept. 30/07

Tras el furor de los escritores y escritoras de treinta y pico vino la polémica porque, al fin de cuentas, ¿qué nos dejó el Bogotá 39? Los columnistas invitados por la revista Piedepágina hablaron: Jorge Carrión, escritor del diario La Vanguardia, criticó la cifra de invitados ("absolutamente arbitraria"), su escogencia ("no veo la necesidad de incluir a Jorge Volpi") y la esencia del encuentro ("yo sólo entiendo este tipo de encuentros de nuevas narrativas como una apuesta por el riesgo. Este festival lo evita, por eso no me interesa"); Julio Ortega, crítico literario, polemizó sobre los motivos ("le falta al encuentro una motivación más clara que la mera suma de escritores") y la selección de género ("están ausentes varios de los más prometedores, curiosamente la mayoría de ausentes son mujeres"); Diego Trilles, escritor peruano, se fue contra los jurados ("no entiendo mucho cuál es la utilidad de un jurado que lee las recomendaciones de terceros y no los libros de los aspirantes"); por el mismo camino, Salvador Luis, director de una revista literaria peruana encontró viciado el encuentro (""me preocupa de esta lista una sola cosa, el hecho de haber sido producida por algunas influencias un poco comprometidas"). El director de Letras Libres, Ramón González, criticó la no inclusión de España; a Jesús Parra, director de la revista venezolana Plátano Verde, no le gustó el chovinismo del asunto ("resulta curioso que una lista latinoamericana tenga un alto, y quizá desmedido número de ciudadanos del país que la armó") y Alberto Aguirre, en su columna de Cromos, vapuleó al festival ("el afán de estas reuniones colectivas, o su resultado necesario, es convertir al escritor en vasallo, mendigando elogios con sus congéneres").

Y ante todo esto, ¿por qué no agregar que al Festival probablemente le sobraron egos, entrevistas y algunos escritores? ¿Por qué no criticar, además, las metodologías de los encuentros y los auditorios? A fin de cuentas, para caerle encima al Treintaynueve sobran motivos, ya que no es precisamente la excepción entre las recuas de macroeventos gestados en el marco de la capital mundial del libro.

Lo que no es fácil, y lo digo sin populismo, es pordebajear la respuesta del público porque, durante esos cuatro días, vi a decenas de jóvenes fervorosos llenando auditorios con los oídos atentos a las no siempre oportunas palabras de unos escritores más amables que escritores, quienes, no obstante, podrían haber empujado hacia la lectura a algunos de sus oyentes. Más que por sus figuras, el evento valió la pena porque construyó escenarios para hacerse la ilusión de poder tener encuentros con la escritura, los libros y la gran literatura. Leímos revistas y diarios con noticias de libros y autores, lo que constituye una novedad tan grande que ni siquiera la programación paquidérmica de RCN pudo pasarle por encima.

Antes del 39 un amigo librero me contó que vendía pocos libros de Wendy Guerra, pero tras el festival agotó los siete ejemplares que tenía. En una de las mesas redondas programadas vi a un grupo de jóvenes estudiantes haciendo listas para decidir qué libros comprar primero. En los cafés Juan Valdez de Arcadia sentí la emoción de tres jovencitas que le hacían firmar un libro al chileno Alejandro Zambra. En la fila de un cine escuché una conversación sobre Daniel Alarcón cuando, tres días antes, ese nombre no significaba nada para nadie. Y por eso no dudo en decir que, incluso a pesar de sí mismo, el Bogotá 39 hizo que la gente viera cosas distintas a pistoleros y encarnaciones de Satanás.

Es por ello que está totalmente fuera de lugar la desafortunada columna de Alberto Aguirre pidiendo, en tono de diario franquista, que el Estado se retire de la cultura, porque, según él, no lo hace bien. Aguirre habría preferido quizás, que el día del cierre del 39, en el Parque Nacional solo se hubieran presentado las caravanas de actores de telenovelas de la caminata de la solidaridad que justo pasaban por la séptima, y no ese acto conmovedor de resistencia donde una generación de escritores latinoamericanos -no importa si mal escogidos o incompletos o patriarcal- testimonió la escasez de encuentros literarios y la sed de cultura de unos adolescentes conmovidos por la escritura y no por las tetas de la Pajarita o de Wendy nosequién.

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