martes, 25 de julio de 2017

ELMO VALENCIA. El monje loco. Un nuevo hogar para él, en sus gloriosos 91 ... y de paso para sus 92 ... . Cali, julio 11, 2017

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ELMO VALENCIA 
Cali, febrero de 1926 - ...
El monje loco 

en su nuevo HOGAR

Visita de su MD y amigo ADOLFO VERA DELGADO 

Cali, Julio 18, 2017  

Adolfo Vera Delgado, ELMO VALENCIA, El monje loco y el MD Guillermo Zapata
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ELMO VALENCIA, POETA DE LA NADA


                                ARMANDO BARONA MESA
Cali, 15 de mayo de 2017

  Ya no se cuántos años hace que conocí a Elmo Valencia. Pero si recuerdo que para esa época ya ostentaba con orgullo el remoquete de El Monje Loco. Estaba comenzando el Nadaísmo en Cali, a donde se había trasladado el Profeta gonzaloarango, quien mostraba con su nombre de minúsculas el hálito misterioso del iconoclasta, que rompía los viejos moldes en el campo de la literatura y de la vida, al tiempo que expresaba, por las vías del impacto escandaloso, toda la irreverencia contra las viejas costumbres. 
De Gonzalo no fui amigo porque pronto levantó el vuelo, como una golondrina, y se fue para Bogotá. Sus ambiciones no eran provinciales. Pero sí conocí entonces, cuando todos éramos jóvenes, a Jota Mario y a este Monje Loco, a quienes veía con la brisa de la tarde revoloteando entre el paseo Bolívar, el Café de los Turcos, el viejo Café Colombia y el Tamanaco que estaba al lado. Claro que de noche sus rutas eran un tanto esotéricas y ambulatorias. Iban a cualquier sitio donde brillara el toque psicodélico y hubiese abundante maracachafa. Cómo sería el asunto, que hasta había un sitio llamado La Cueva del Humo. Sobre todos estos ambientes Andrés Caicedo, en Que viva la música, se explaya ampliamente y dibuja lo que eran tales excursiones nocturnas. 
Elmo era  ligero como como un colibrí. Le salía el brío por la mirada y por los movimientos acompasados de un ritmo que le brotaba en todo el cuerpo. Todos aquellos jóvenes, que levantaron bandera con un documento que, como el de Marx se tituló Manifiesto Nadaísta, eran, como dicen los argentinos, cabecitaslocas. 
Por supuesto como poetas se inspiraban, tras largas noches de agitación sexual, bajo el embrujo de sucesivas chupadas de esa que antes se conocía como la “yerba maldita”, y que ya en ese tiempo había adquirido categoría social y aparecía en escenarios exclusivos donde se oía la  música de los Rollings Stone y de los Beattles, también adictos al humo. 
El nadaísmo, en realidad, nunca fue un movimiento sino una asociación coincidente de jóvenes impetuosos, inteligentes, irrespetuosos. Más o menos lo que ahora y antes ha sido Fernando Vallejo procurando escandalizar a las viejas beatas. Pero, sin lugar a dudas introdujeron un cambio en la poesía y en la manera de pensar de la generación de Los Nuevos, esclerosada en adjetivos. Y sin duda alguna impactó y ha dejado su huella indeleble, aunque ahora todos estén mayores y un tanto aburguesados. Menos Elmo. 
Vivió siempre del aire el viejo Elmo. Nunca trabajó y menos cuando fue “corbata” del Senado, en los tiempos en que Armando Holguín fue senador. 
No, el trabajo bajo horario o de cualquier otra cosa no era la suyo. Me acuerdo que hace ya un tiempo, cuando nombraron gobernador del Valle a Manuel Francisco Becerra, nos encontramos antes de su posesión en el Club San Fernando y, amigos de siempre, votamos corriente. En un momento le dije: “Hombre Kiko, nombra a Elmo como alcalde de Yotoco y organizamos un festival de arte con teatro y poesía cada año en ese bello pueblito, bajo la dirección de un poeta nadaísta. El gobernador se entusiasmó y me dijo: “Hagámoslo, ¿pero quien le avisa a Elmo ?" "Yo", contesté.  Y lo busqué y le pinté los pajaritos de oro, que el Monje oyó con cierta emoción. No obstante me dijo: “Gracias Armando, pero mejor búscale el puesto a mi mujer.”    
En alguna oportunidad iba yo en campaña con el doctor Alfonso López Michelsen y él, que era amigo de los nadaístas y había recibido su respaldo, me contó esta anécdota: Elmo y Jota se encontraron y Jota le dijo a aquel: “Poeta, se que has decidido entrar a la industria sin chimeneas y el lote que tienes en Bogotá en el barrio Santafé va a ser convertido en un hotel. Buena esa poeta, pero ¿cómo se va a llamar ese hotel?” El Monje contestó de inmediato: “Pues El Motel.” 
Ese poeta hoy está doblegado por la edad y la pobreza en Cali, su tierra, a donde volvió a vivir siguiendo el rastro del origen, como los elefantes. En realidad la pobreza nunca fue su inconveniente. Jamás tuvo nada –buen nadaísta al fin y al cabo-, ni necesitó más que esos tres minutos de sol de mi poema para vivir la vida con la intensidad de un marinero entre olas y puertos. Pero su cuerpo, resistente a todas las fatigas, ya demuestra la fatiga del metal. 
Por supuesto que esta nota busca que el silencio desapercibido de la gente lo recuerde, como lo hago yo, en esa vida de poeta admirable que ha tenido, movido por el ideal nadaísta, que ciertamente -como todos nosotros- termina en la nada. Que se tenga el recuerdo de esa  amistad perdurable, como los puertos en los que recaló con la esperanza nunca vencida; y digámoslo sin ambages, con el humo evanescente que le ayudó a soñar, sobre la poesía viviente de su propia vida.    

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Un hogar para ‘El Monje Loco’
Por: Jotamario Arbeláez

EL PAÍS .com, Cali,  Julio 17, 2017 , 11:50 p.m. Impreso, Julio 18
Llegó en el 60 de Estados Unidos graduado como ingeniero electrónico, pero como la electrónica no había llegado al país, le tocó conectarse con el Nadaísmo. Sus escritos insólitos, publicados en Esquirla, suplemento El Crisol, lo señalaron como el esperado fenómeno de la literatura colombiana. Escribió Islanada, la historia novelada del nadaísmo, con la que ganó el premio de Tercer Mundo en 1966, de la cual circularon unos pocos ejemplares piratas. Ahora por lo menos una editorial de Medellín está interesada. La década del 60 la vivió en un cuarto de la carrera 2 con 15, donde la pequeña Socorro, hija de la dueña del edificio, lo acorría con sus numerosos huéspedes de mochila. En el 70 viajó a Bogotá a escribir El libro rojo de Rojas, para denunciar el fraude electoral del 19 de Abril. Acaba de regresar a su patria chica, con 91 años y cero pesos, y ha sido recibido por la Socorrito de entonces, quien ha guiado sus pasos por el estrecho sendero de una gloria literaria con escasos recursos. Pero goza del privilegio de amigos entrañables, entre ellos Armando Barona Mesa, quien hizo lo posible por que sucediera el milagro. Me entero por NTC … de este cruce de mensajes entre los dos benefactores del inconmensurable poeta.

De: Socorro Garcés Duque
Enviado: Martes, 11 de julio, 2017 

“Buenos y saludables días Dr. Barona: esta nota es para agradecerle por todas las gestiones maravillosas que han realizado para conseguir fondos para el poeta Elmo Valencia y a usted y al doctor Vera por lograr que la Alcaldía de Cali y los doctores Quintero y Zapata, del Ancianato San Miguel, se interesaran en el caso, como usted lo dijo, de total orfandad del maestro. No saben la tranquilidad que esto me trae. El poeta partirá hoy a su nuevo hogar. Lo recogeremos a las 8:30 a.m. para trasladarlo al sitio donde estoy segura, recibirá los cuidados y atenciones que se merece por toda una vida dedicada a llevar inspiración y poesía a gente linda como ustedes. El poeta podrá ahora gozar en ese hermoso lugar de lo que disfruta intensamente: hablar, reír, observar, y de pronto hasta nos sorprenda con nuevas obras. Esto es emocionante y usted como uno de los principales artífices se lleva los más fuertes aplausos.

Le agradecería que esta nota sea compartida a las personas que contribuyeron de buena voluntad, tales como Betsimar Sepúlveda, Gabriel Ruiz, etc. Un fuerte abrazo y les reitero mis agradecimientos y los del maestro. Socorro Garcés Duque”. 


La respuesta es conmovedora: 

De: Armando Barona Mesa 
Enviado: martes, 11 de julio de 2017 

“Querida Socorrito: leo este mensaje con emoción. Bien sabe lo que quiero a Elmo, el antiguo dueño de El Motel, el de la poesía danzante entre columpios, el andariego, el ingeniero que dejó los cálculos para mirar las curvas femeninas, el adorador de la belleza y la ironía y el despreciador del billete…. Sí, ese Elmo Valencia, más conocido como ‘El Monje Loco’, ahora va a poder mirar los crepúsculos en los atardeceres del sur, sin tener que pensar en que no hay plata para el arriendo. Tendrá servicios médicos y el golpe -tal vez los tres- de la comida casera y la posibilidad de muchos amigos que como él, vivieron épocas pasadas y ven el sol resplandeciente en cada amanecer. 

Le debemos este nuevo hogar al alcalde Armitage, al apreciado Octavio Quintero, al médico del corazón que es todo corazón Adolfo Vera, al amigo Mustio, a Valenzuela, al MD urólogo Antonio Joaquín García, a la poeta Betsimar Sepúlveda y a Julio César Londoño, a Jotamario, pendiente de todos los suspiros de su compinche Elmo, por supuesto a usted, ángel de la guarda; y a toda esta ciudad que él ama desde el fondo y en el subfondo de su alma. A propósito, Elmo que se ha denominado ateo y libre pensador, acuñó, en relación con Socorrito, la frase: “No creo en Dios, pero sí en los ángeles”. Un gran abrazo, Armando Barona Mesa”.

En nombre de la poesía, mil gracias, señor Alcalde. Y que lo reelijan.
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El triunfo del nadaísmo

El nadaísmo no fue una camarilla, fue toda una generación con poetas por todas las regiones.

Por: Jotamario Arbeláez
Jotamario Arbeláez
EL TIEMPO .com e impreso, 19 de julio 2017 , 12:00 a.m.

La Biblioteca Nacional de Colombia, dirigida por la incansable Consuelo Gaitán, me ha encargado la elaboración de algo así como un registro de la poesía nadaísta, que por espacio de 60 años ha transitado este territorio empapado en sangre, pues salimos de la primera violencia partidista, la de los 300.000 muertos, para desembocar en la guerra del Estado con la guerrilla y las adehalas del paramilitarismo y el narcotráfico, con millones de víctimas, entre masacrados, torturados, secuestrados, desaparecidos, deudos, exiliados y desplazados.

Los nadaístas, a pesar del escepticismo y el pesimismo, desde siempre esgrimimos la literatura, si no como tabla de salvación, por lo menos como garrote de denuncia de los oprobios, vinieran de donde vinieren. Y se nos tiene que abonar, por lo menos, que ha sido un nadaísta confeso, Humberto de la Calle Lombana, quien logró la paz de Colombia. Así queden compatriotas a quienes la paz urtica, como si guardaran nostalgia del genocidio.

Tomé como punto de partida para la recuperación de mis santos colegas, la edición de 12 poetas nadaístas de los últimos días, que para celebrar nuestros primeros 30 años me encargara, hace 30, el Centro Colombo Americano, por intermediación de nuestro principal promotor, Gonzalo González (GOG), donde figurábamos los de siempre: Gonzalo Arango, Amílcar Osorio, Jaime Jaramillo Escobar, Darío Lemos, Eduardo Escobar, Humberto Navarro, Elmo Valencia, Armando Romero, Pablus Gallinazo, Eduardo Zalamea, Jan Arb y el infatigable servidor de copas para brindar que esto escribe. Imperdonablemente faltaron Alberto Escobar y Jaime Espinel. 

El nadaísmo no fue una camarilla, ni fue un cenáculo, fue toda una generación con poetas por todas las regiones del territorio, seducidos por las prédicas retumbantes del profeta gonzaloarango y su pléyade de discípulos, con axiomas tan discutibles como “el hombre no tiene sino sus dos pies, su corazón, y un camino que no conduce a ninguna parte”, complementado por el ‘Cachifo’ Navarro: “El mundo es verde y no hay ninguna esperanza”. Éramos hombre de poca fe, y con esa poca fe persistimos hasta encontrarnos con Cristo, algunos, como Gonzalo y como yo, y así continuamos, vivos, muertos o borrachos, o en el asilo de ancianos de San Miguel, donde acaba de ingresar con sus gloriosos 91 el Monje Loco Elmo Valencia, gracias a los oficios de Armando Barona Mesa y a la generosidad del alcalde Maurice Armitage, de Cali.

13 poetas nadaístas –él y sus doce apóstoles apostáticos– fueron lanzados al estrellato del asfalto por Gonzalo Arango en 1963. Ahora he logrado reunificar algo más de medio centenar, de entre quienes se perdieron en el camino, extraviaron su obra, se hundieron en las brumas lisérgicas o fueron ganados por el desaliento. O tomaron otros caminos expresivos sin perder el aliento lírico, como la pintura, la música y el teatro. En tal forma el libro no será una “antología” rigurosa, sino un “panorama” amplio, 51 poetas nadaístas de los últimos días, que en sus 500 páginas recoja también los aportes, aun los escritos en servilletas perpetuas, de quienes sin mayor prosopopeya colaboraron en la marcha de la loca locomotora. Aunque el nadaísmo fuera la rumba del desaliento –como lo prueban el nadaísta de Cartago y Rocío, quienes firmaron su renuncia con sendas copas de cianuro–, algo de alucinada claridad y rabia sonriente deja a la poesía colombiana que antaño lo viera con malos ojos.


Coda. Estoy cerrando edición y me falta algún material. Si alguien conserva poemas de Alberto Rodríguez ‘El nadaísta de Cartago’, Rocío Neuto, Mario Escobar Ortiz, Mario Francisco Restrepo, Édgar Bustamante, Sibius, Manuel Quinto, Mauro Castro y José Pubén, favor hacérmelos llegar volando.


JOTAMARIO ARBELÁEZ
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 NoTiCas de NTC ... , sobre Alberto Rodríguez ‘El nadaísta de Cartago’

--- Homenaje  a Alberto Rodríguez Cifuentes, "El nadaísta de Cartago"Revista Plenilunio. No. 65. Mayo de 2017 – Año 14. 
NTC ... Edición digital-virtual: http://ntc-revistas-de-poesia.blogspot.com.co/2017/06/
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Título    Los Días Como Rostros
Autor    Alberto Rodríguez Cifuentes

Escala de Jacob colección de poesía
Director: Horacio Benavides

Editor    Universidad del Valle, 2002
ISBN      958670209X, 9789586702096
N.º de páginas  68 páginas
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Portada y Contra portada
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Reseña biografica en la Revista CLAVE .com 


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PANORAMA DE LA POESÍA NORTEVALLECAUCANA EN EL SIGLO XX

LILIANA DEL SOCORRO AGUDELO VELÁSQUEZ

UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA. FACULTA DE HUMANIDADES
MAESTRIA EN LITERATURA LATINOAMERICANA
PEREIRA, COLOMBIA, 2016

Allí: un extenso ensayo sobre 
Alberto Rodríguez Cifuentes y sus obras,
  
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